

Desde hace varios años, en los sistemas de información de las empresas, la aparición del fenómeno “Shadow IT” (o “IT fantasma”) es innegable.
Shadow IT hace referencia al uso de soluciones de software dentro de una organización que no han sido aprobadas oficialmente por el departamento de TI. Puede incluir aplicaciones no autorizadas, servicios cloud e incluso el uso de dispositivos personales para trabajar.
Shadow IT surge principalmente del deseo de los empleados de mejorar su productividad con herramientas digitales sencillas y modernas, saltándose a menudo los procedimientos oficiales.
Sin embargo, aunque puede mejorar la productividad individual y colectiva, también implica riesgos significativos para la organización, a menudo subestimados.
Si los usuarios recurren al Shadow IT suele ser porque creen que no existe una solución adecuada en el sistema de información para cubrir su necesidad.
También puede estar relacionado con la eficiencia: en su vida personal, los usuarios están acostumbrados a aplicaciones con una experiencia muy cuidada. Al volver al entorno profesional, algunas aplicaciones corporativas pueden parecer menos ergonómicas, y entonces se buscan alternativas conocidas fuera de la empresa.
Aun con problemas potenciales, los usuarios suelen obtener el resultado que buscan con estas herramientas, a menudo adelantándose a soluciones corporativas en términos de ergonomía, rendimiento, colaboración e integraciones.
En resumen:
Shadow IT puede presentarse en distintos formatos:
A pesar de ventajas aparentes (productividad, facilidad de uso, autonomía), Shadow IT presenta riesgos. El más importante suele ser la seguridad: las herramientas utilizadas sin control no siempre están actualizadas o correctamente configuradas, lo que puede crear vulnerabilidades.
Además, puede implicar riesgos legales (p. ej., incumplimiento de licencias) y complicar la operación y el mantenimiento del sistema, aumentando costos y complejidad.
Al no conocerlas, TI no puede controlar el nivel de seguridad: autenticación, postura de seguridad de la aplicación o sensibilidad de los datos no se evalúan ni se integran en auditorías o en el ISMS.
Las organizaciones pueden incumplir normativas sin darse cuenta. Si los empleados procesan datos sensibles con herramientas no autorizadas, pueden violarse requisitos (por ejemplo, RGPD), con posibles sanciones.
Los datos sensibles pueden verse comprometidos o robados. Los atacantes explotan errores de configuración o vulnerabilidades en servicios cloud, provocando brechas sin que TI lo detecte a tiempo. El intercambio de documentos es especialmente delicado: facilita la exfiltración y la difusión involuntaria mediante enlaces.
Shadow IT queda fuera del control de TI y no se incorpora a la cartografía de aplicaciones, a la urbanización del sistema de información ni a la optimización de procesos. Las aplicaciones aparecen sin coherencia global.
Shadow IT suele generar duplicidades:
Gestionar Shadow IT es un reto: un enfoque demasiado estricto puede perjudicar la productividad; uno demasiado laxo aumenta los riesgos. Algunas estrategias:
Conocer y comprender: identificar el alcance del Shadow IT. Soluciones de cartografía como Kabeen pueden ayudar.
Formación y comunicación: explicar claramente los riesgos e impulsar buenas prácticas.
Ofrecer alternativas seguras: cuando las herramientas oficiales no cubren necesidades, proponer opciones ergonómicas y seguras reduce el recurso a soluciones en la sombra.
En resumen, Shadow IT puede aumentar la productividad, pero presenta riesgos que es imprescindible anticipar. Un enfoque equilibrado combina una política clara, buena comunicación y alternativas seguras que respondan a las necesidades de los usuarios.
Más que un simple incumplimiento, Shadow IT suele ser una señal de que las herramientas existentes no cubren los casos de uso. En lugar de prohibirlo totalmente, suele ser mejor canalizarlo con gobernanza, visibilidad y opciones seguras.
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